Las historias cambian. El que escribe, no tanto.
Creo que se pueden contar historias de esas que son clasificadas en distintas categorías escritas por un mismo autor, por una misma mano.
En cada una de ellas, en cada historia, subyace un nexo común: el alma del autor. No es por ponerme trascendente, al revés, esa alma de cada uno es el sello propio al que es imposible escapar.
Ni lo pretendo. Cuesta mucho encontrarla.
En alguna ocasión me han preguntado por qué escribo sobre cuestiones tan dispares, la respuesta es sencilla: no lo sé. Quizá sean las historias las que me eligen a mí o simplemente me siento atraído por ellas y quiero contarlas a mi manera.
Todo puede partir de una carta o de un murmullo, del sueño de un niño, de una sospecha, de una vida de espías, de un crimen, de un colegio junto al acantilado, de una llamada de teléfono y de muchas otras cosas más.
Y todo, cada historia compartida, cada página escrita, cada libro publicado adquiere su sentido cuando cae en tus manos, si no nada de esto tendría sentido.
Gracias por vuestro apoyo constante y por estar ahí. :)
Comentarios
Publicar un comentario